Crecí en una familia poliamorosa

Pocos símbolos culturales tienen tanto peso como la familia nuclear “tradicional”. Ya sabes: dos progeniores heterosexuales, dos niñes, un perro, dos cucharadas de vallas de madera blancas; mézclalo todo enérgicamente. No me malintepretéis, no hay nada de malo en ello; es simplemente cómo no fui criado.

Mis progenitores son poliamoroses, una palabra que es una mezcla de palabras grecolatinas la cual significa no-monogamia (romántica) con el consentimiento de todos los implicados. Cuando era un niño, viví con mi papá, con mi mamá, le amante de mi mamá, le amante de le amante de mi mamá. Mamá llegó a tener cuatro amantes a la vez. Papá tuvo amantes también. Fui criado en una red interconectada de adultos cuyas relaciones no eran exclusivas pero que permanecieron en compromiso durante años, incluso décadas.

Me lo explicaron por primera vez cuando tenía ocho años. Mi hermano de cuatro años preguntó por qué James, el amante de mi madre, había estado pasando tanto tiempo con nosotres.
“Porque le quiero”, dijo mamá en el acto.
“Bueno, eso está bien”, respondió mi hermano, “porque yo le quiero también”.
Realmente nunca fue más complicado que eso. Mirando atrás, eso es lo que encuentro lo más extraordinario de nuestra situación: cómo de abrumadoramente ordinaria era. Casi deseo que hubiese sido más excitante que eso: un niño con los ojos como platos, topándose con fiestas sexuales alimentadas con anfetaminas en los que encontrar una manada de mimos de circo con el culo al aire, monjas y pollería, pero éramos como mucho tan disfuncionales como cualquier familia normal del bloque.

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Nunca resentí que mis padres se vieran con sus amantes. Todos íbamos a ver pelis y hacíamos viajes en barco en las vacaciones. Tener más adultos en casa significaba que había más amor y apoyo y más adultos para que nos vigilasen. Papá y James no tenían celos el uno del otro ni se resentían el uno con el otro, lejos de ser los renos machos alfa que podrías esperarte. Eran buenos amigos.

Recuerdo la primera vez que James me regañó. Tenía ocho años y casi me meto en el tráfico en circulación, cuando me arrastró hacia la acera y me gritó por no mirar a la izquierda y a la derecha antes de cruzar. Recuerdo pensar “Oh, ¿este adulto tiene permitido disciplinarme también?” Pero no tardé en darme cuenta de que eso también significaba que otro adulto me cubría las espaldas –y me protegería de ser atropellado por el tráfico- y a fin de cuentas, eso estaba bien.

Tuve la suerte de vivir felizmente en familia, porque el colegio era una pesadilla en vida. Era tartamudo y sentía predilección por las baladas potentes (power ballads) de los 80; contarle a quien sea sobre mi situación doméstica habría sido darme un tirón de calzoncillos por petición. Quiero decir, los matones se metieron con un chico solamente por (extrañamente patriarcal) tener un padre que estaba siendo mantenido por su madre, no estaba dispuesto a revelar que mi madre tenía cuatro novios. Sólo tuve un buen amigo (tener más hubiese interferido con mi camino espiritual de estudiar las enciclopedias de Star Wars y deleitarme con epifánicas experiencias masturbatorias precoces). Él era el único que sabía lo de mis padres, y simplemente lo aceptó.
Nuestra comunidad de la iglesia, por otra parte, se enteró de los de mis progenitores. Éramos muy cercanes con nuestro párroco en una iglesia anglo-católica del este de Londres -mi madre incluso dio clases en la Sunday school. Nunca mentimos sobre nuestra dinámica familiar; simplemente no quisimos darle bombo. A James lo calificábamos de “amigo de la familia”, lo cual funcionó durante un tiempo. Con el tiempo nos pillaron. Alguien rastreó la web y dio con la página de Live Journal de mi madre y se supo que mi familia era poly.

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La mayoría de la gente trató de entenderlo, pero no todo el mundo pudo. Una familia era tan juiciosa con el estilo de vida de mis padres que le prohibieron a sus hijes jugar con nosotros. Esto escaló hacia una llamada telefónica bastante molesta a los servicios sociales, esencialmente confundiendo familia poliamorosa con abuso de menores, enviando un enjambre de trabajadores sociales hacia nuestra casa. Recuerdo estar sentado en el salón con mis juguetes de Robot Wars, Hypno-Disc en una mano, Sir Killalot en la otra, intentando convencerles de que mis padres no me estaban haciendo daño.

A día de hoy, si menciono que mis progenitores son poly, las reacciones oscilan entre “eso es muy raro” y “eso está muy guay”. La mayoría de la gente disfruta con la novedad del hecho. Algunos se sienten amenazados, pero generalmente se tranquilizan cuando les digo que no es una crítica a su monogamia.
Teniéndolo todo en cuenta, mi educación esculpió mi personalidad de buena manera. Pude hablar con adultos con estilos de vida muy diversos, ya fuesen amantes de mis progenitores o amantes de los amantes de mis progenitores, o quien fuese. He vivido con gente que era hetero, homo, bi, trans, escritores, científiques, psicólogues, hijes adoptives, bermudeños, hongkoneses, gente adinerada y gente casi sin blanca. Madurar en esa caldera de fundición realmente cultivó y amplió mi visión del mundo y me ayudó a convertirme en el chico que soy hoy.
Nunca envidié a mis amigos con padres monógamos. Conocí niñes que vivían con los dos progenitores o une, padrines o madrines, abueles y/o tíes. Así que lo que yo tenía no me parecía extraño. Me figuro que hay muy poca variación entre las formas en las cuales les progenitores monógames o poly le joden la vida a sus hijes. Les buenes progenitores son buenes progenitores, ya sean une, dos, tres o cuatro. Afortunadamente, les míes fueron increíbles.

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No creo que el poliamor sea superior a la monogamia de ninguna forma: es diferente. Pero ojalá no estuviese tan estigmatizada. Sólo un 17% de las culturas humanas son estrictamente monógamas; la vasta mayoría se decanta por una mezcolanza de distintos tipos de matrimonio. No existe la familia tradicional. En su libro Sex at Dawn (En el principio era el sexo), Christopher Ryan demuestra que la monogamia humana solamente existe desde los principios de la revolución agrícola. Antes de esto vivíamos en pequeñas comunidades de forrajeo y compartíamos nuestra propiedades (comida, cobijo, garrotes de madera, taparrabos de dientes de sable, etc.). Entonces, post-agrícolamente, se desarrolló la monogamia como medio para asegurar la paternidad y la herencia de bienes materiales. Ryan dice que nuestras actitudes modernas románticas son innecesariamente puritanas, “un sentido victoriano de la sexualidad humana que confunde deseo con derechos de propiedad”. Desde el siglo XX, algunes de nosotres empezamos a volver a nuestras raíces poliamorosas, siguiendo a la revolución sexual y al feminismo, y por extensión, un aumento de la independencia económica de la mujer. Esta tendencia ascendente sólo puede continuar.

Mucha gente me pregunta si el hecho de tener padres poly ha moldeado mi visión del amor como adulto, lo cual es difícil de responder. El crecer con el poliamor como norma hacía que la monogamia pareciese alienante y contraintuitiva. Podemos querer a más de un amigue o miembros de la familia a la vez, así que el hecho de que el amor sólo pudiese funcionar de forma lineal resultaba confusa. Tengo veintitantos y tiendo a tener varies amantes (aunque eso es más mi libido que una convicción filosófica). No me considero poly, pero estoy abierto a tener varies amantes o sólo une.

La vida es sobre todo lucha y dolor; el resto es amor y platos hondos de pizza. Por el instante cósmico que pasamos en este planetilla, ¿No podemos aceptar que el amor es amor, incluyendo el interracial, homosexual o poly? La discriminación contra el amor es una enfermedad del corazón y ya tenemos suficientes por culpa de las pizzas.

Traducción al español de este artículo en inglés escrito por Benedict Smith.

Traducción: BonoboMasterRace

Revisión y correcciones: AW de Amor Libre spain

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Somos una cuenta cuyo objetivo es luchar contra el amor heteropatriarcal monógamo impuesto como el único y verdadero amor.

1 Comment on "Crecí en una familia poliamorosa"

  1. Esto me ha parecido muy bonito y genial. Está muy bien explicado y me ha ayudado mucho a ampliar la visión sobre las relaciones poly. Ojalá la gente no tuviese una mente tan cuadrada y viese lo maravilloso que puede ser algo como una familia polyamorosa ❤

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